miércoles, 2 de noviembre de 2011

II

Él ya conocía sus límites, y no tenía ningún inconveniente en tirar y tirar hasta sentirla crujir, para ahí darle un respiro y luego continuar tirando.
Cada vez las cosas llegaban más lejos. Las líneas se fueron estirando, desdibujando. Primero fue la verbal, después la física y por último la moral. (...)
Él estaba seguro; ella también. Ambos, de que el otro mentía.
¿Hasta cuándo seguiría esa enfermiza relación plagada de temores, sufrimientos y secretos? ¿Acaso no eran capaces de quererse bien, quererse lindo?


Todo dolía tanto por aquella época. Ahora es peor, duele menos porque estoy acostumbrada y resignada. ¿Seré yo, será él, seremos nosotros? Ya no sé si podríamos estar sin esos "pequeños vicios" que tiene nuestra relación.
A veces pienso en desvanecerme, quizás drogarme mucho y tirarme a un río, o atarme a la cama hasta morir. No decido si prefiero que sea de día o de noche. Un amanecer otoñal estaría bien.



<16.10.011>

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