viernes, 3 de abril de 2009

Era tan sencillamente hermoso, tan absurdamente mágico, que nadie creería que realmente existió, que aún no sé si lo soñé o fue real aquella noche que lo tuve entre mis brazos.
Sus lágrimas refulgían y se transformaban en destellos de dolorosa ilusión al chocar con sus fríos labios. Su vientre era una invitación. Y sus ojos.. Sus ojos decían tanto. Los ojos más bellos que se hayan visto jamás.
Aquel día yo andaba un tanto perdida, no sabía si seguir caminando, dar marcha atrás, correr; así que frené. En eso estaba cuando él me encontró y me llevó a caminar. Escuchó cada uno de los detalles de mi historia y le puso otro matiz a mi vida. Poco a poco me fue arrancando: primero, una sonrisa, luego lágrimas, carcajadas, mi ropa, mis pensamientos.
"Egoísta!", pensé. Y ahí empezó él a sacar a la luz su historia, tan triste y hermosa, y aún sin dejar de sonreir. En ese momento no me hubiera sorprendido que le salieran alas, sólo temía que no me llevara con él cuando se vaya volando.
Él no lo sabía, o prefería no verlo, pero cuánto lo amé. Posiblemente fui otra mundana del montón, aunque me hacía sentir especial y creer que para él también lo era.
Por mucho que intente entenderlo, no puedo saber cómo acabó esta historia. Posiblemente fue a ayudar a caminar a otra perdida. Pero, por más que se haya terminado, puedo asegurar que me sigue iluminando y va a mi lado, llevándome de la mano cuando temo y amago a frenar.



(31.03.2009)

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